HISTORIA

MAITE: UNA PROMESA ETERNA

EL AMOR COMO ÚNICO INGREDIENTE SECRETO

Maite no es solo un rótulo en la puerta; es el eco de una promesa. Nosotros hemos tomado ese legado para transformarlo en una nueva gastronomía. Maite es el respeto a la fuerza de la familia, el amor al trabajo bien hecho y esa obsesión por el detalle que colma lo exquisito.

Pero para que el amor perdure, debe evolucionar. Así nace el concepto 'Novo': la necesidad de mirar hacia atrás para poder dibujar el futuro. Recobramos el gusto por la cocina hecha con el alma, servida con cariño y recordada con devoción. Somos el resultado de un proceso de catarsis: crear sin destruir, amar sin olvidar. Aquí, la tradición no es un ancla que nos frena, sino la raíz profunda que nos permite, como a la Anduriña, alzar el vuelo sin miedo a perdernos.

DOS CORAZONES, UN MISMO LATIDO GASTRONÓMICO

Novo Maite Anduriña es el encuentro de dos mundos que se necesitaban. No somos sólo un restaurante, somos la suma de dos sensibilidades: la que cuida y la que crea. Entendemos este oficio no como un negocio, sino como una forma de vida donde la Sala y la Cocina respiran al unísono. Un equilibrio perfecto entre la calidez del anfitrión que te recibe en su casa y la alquimia del cocinero que te lleva de viaje.

Para Pepe Romeo, la sala es un escenario sagrado donde el ruido del mundo se apaga. Su filosofía es clara: el servicio no es transportar platos, es gestionar emociones. Él es el encargado de que el tiempo se detenga en tu mesa, de que te sientas refugiado y cuidado.Con una sensibilidad que va más allá de lo técnico, Pepe entiende que la soledad del comensal no es ausencia, sino el templo donde el espíritu se encuentra consigo mismo. Su labor es invisible pero imprescindible: crear esa atmósfera de 'Maite' —amor y cercanía— para que tú solo tengas que preocuparte de sentir. Él no sirve mesas; acoge almas.

David Val es la Anduriña de este proyecto. Sus manos están manchadas de la tierra de Aragón, respetando al agricultor y al ganadero local con una honestidad brutal, pero su mente vuela libre por mapas lejanos. Es el arquitecto del sabor que se niega a seguir al rebaño. Su cocina es un ejercicio de valentía y memoria. Es capaz de coger un producto humilde de nuestra huerta y vestirlo con técnicas de vanguardia y matices globales, transformando la materia prima en una experiencia que vibra. David no cocina para alimentar el cuerpo, sino para despertar la ilusión; buscando que en cada bocado encuentres la libertad de volar y la paz de volver a casa.